lunes, 14 de septiembre de 2009

Nota: Revista Tigris




¿Qué puedo hacer para no sentirme solo?
¿Cómo ser más optimista cuando todo sale mal?
¿Cómo puedo tener más confianza y superar mis miedos? ¿Cómo puedo tener confianza total para hacer mis sueños realidad?


La pantalla de TV se ilumina y Verónica de Andrés se presenta: “Hablo del amor porque viví casi toda mi vida en el miedo. me crié en una familia muy poco estable emocionalmente, mis padres no vivieron lo suficiente como para cubrir mis necesidades emocionales. A los 17 años, quedé huérfana. Crecí en un país (Argentina) económicamente muy imprevisible. Un país en el que un día podés tener una casa hermosa, y al día siguiente podés perderlo todo”. Habla en un inglés fluido, que le ha servido para hacerse entender en los cinco continentes durante estos veinte años de dictar conferencias, cursos y seminarios sobre autoestima, educación, motivación e inteligencia emocional. Confianza total es la película que ella protagoniza y donde sintetiza su conocimiento, avalado por un máster en Educación de la Universidad de oxford brookes, un título de Dama de Gracia de la orden de San Juan de malta y su condición de conferencista internacional, coach, educadora y autora especializada en crecimiento personal.

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A lo largo de nuestra vida, vamos adquiriendo nuevos conocimientos –en el colegio, en la universidad, en el trabajo–, sin embargo, uno de los aprendizajes más difíciles es conocerse a uno mismo, ¿en qué consiste para vos este camino de autoconocimiento?

El autoconocimiento implica tres puntos: en primer lugar, ser consciente de uno mismo. Para esto es muy importante utilizar la inteligencia emocional. Cuando la usamos, nos volvemos “pensadores con corazón”, es decir, uso las emociones para guiar la razón, pero a su vez razono con mis emociones, no me dejo apoderar por ellas. ¡Las emociones son buenas consejeras, pero pésimas dueñas! En segundo lugar, tener una valoración adecuada de uno mismo: conocer nuestras fortalezas, valorarlas y usarlas. ¡De nada le sirve al mundo que tengamos una luz y la escondamos bajo la mesa! Además, si no encendemos nuestra luz, vamos a pasar nuestra vida mirando la luz de otro. Valorarse también es conocer las áreas de mejora, un trabajo que dura hasta nuestros últimos días, ¡siempre podemos mejorar! Por último, conocerse es tener confianza en uno mismo, es decir, tener seguridad en la valoración que hacemos de nosotros mismos, ir haciendo los ajustes necesarios para irnos convirtiendo en quien queremos llegar a ser. Para ello necesitamos confiar en nuestras capacidades.

¿Qué sucede cuando la autoestima es baja? ¿Cómo afecta esto en las relaciones humanas?
Cuando miramos hacia adentro y la imagen que formamos de nosotros mismos es pobre (como hombre/mujer, amigo/a, padre/madre, estudiante), posiblemente nos mostremos defensivos, inflexibles, duros, cerrados, inseguros, tímidos, con tendencia a culpar a otros de lo que nos sucede, con dificultades para aceptar nuestros errores, con muchos miedos e inseguridades que bloquean nuestro desarrollo personal y profesional, y que no permiten querernos a nosotros mismos. La buena noticia es que podemos cortar este círculo vicioso y convertirnos en virtuoso. Eso es lo que enseñamos en nuestra película.

¿Es posible aprender a querernos?
En verdad, no tenemos que aprender nada. Tenemos que “desaprender”, recordar cuando éramos niños. Todos los bebés nacen con la misma ac t i tud, con una ac t i tud amorosa, confiada, armónica. Son un todo.

Ellos nacen así. Nosotros nacemos así. Eso está en nuestro interior. ¿y luego qué sucede? Cuando crecemos y empezamos a enfrentar el sistema educativo, a menudo a través de las respuestas reiteradas de seres significativos, empezamos a recibir el mensaje: “No eres lo suficientemente bueno para…”. y así comenzamos a perder la confianza. Cuantas más heridas tenemos, más capas de miedo formamos alrededor de nuestro centro sagrado. Entonces, ¿qué es lo que tenemos que desaprender? ¡Tenemos que desaprender el miedo! ¡El miedo es adquirido! No nos pertenece. Cuando empezamos a quitar las capas de miedo que fuimos acumulando a lo largo de la vida –no importa cuántas sean–, somos capaces de volver a confiar. Pues ese centro de confianza que yo llamo “sagrado”, porque estoy convencida de que Dios nos lo dio, sigue allí y se puede aprender a reencontrarlo. y desde allí, vivir una vida mejor y generar cambios positivos en todo lo que hagamos. Ése es el paradigma del amor: el amor es la ausencia de miedo, el oxígeno del alma, el motor del aprendizaje y el combustible para el cambio.

¿Cómo sabemos si estamos viviendo en el paradigma del amor o del miedo?
Hay una fórmula muy fácil de recordar: 80% y 20%. Si pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, el 80%, concentrados en lo que no funciona, en nuestras debilidades, en lo que nos falta, en lo que está mal, y sólo el 20% en lo que realmente queremos y soñamos, estamos viviendo en lo que los sociólogos han llamado “la cultura del déficit”. Cuando invertimos la fórmula, los sociólogos dicen que vivimos en “la cultura de la abundancia”. Abundancia de amor, fluir, creatividad, felicidad. ¿Cómo vivir en el paradigma del amor? Concentrándonos en nuestros logros, enfocándonos en nuestros sueños.

Por un lado, jóvenes idealistas, llenos de sueños y ambiciones, y, por otro, adultos que ya han “superado” esa etapa y ante esta “ingenuidad”, menean la cabeza, con cierto desprecio y compasión, porque ya se han desencantado del mundo y los sueños: ¿cómo recuperar esos ideales?

Estas personas, que pueden parecer incrédulas, son las que más necesitan volver a creer en sus sueños. yo creo que todos los adultos tenemos un joven idealista. Puede estar adormecido, pero está allí. basta con recordarles lo que dijo margaret mead, una gran antropóloga que estudió toda su vida las diferentes culturas: “Nunca dudes de que un pequeño grupo de per sonas compromet idas y pensantes pueden cambiar el mundo, de hecho son los únicos que lo han logrado. Pensemos en los grandes soñadores, tal vez esos sueños comenzaron en la edad de la juventud, de los ideales, pero los que marcan la diferencia y los que han dejado huellas son aquellos que se animaron a perseverar, a continuar a lo largo de toda su vida, a llevar adelante sus sueños. y, en general, lo lograron, pues ataron su sueño a un propósito superior, a un ideal. Eso es lo que mantiene el sueño vivo y lo que te hace atravesar el miedo, ponerte de pie cuando “fracasas”, cuando el plan no está funcionando...

¿Es posible volver a confiar en uno mismo después de una derrota?
Todo depende de cómo se mire la derrota. Cuando las cosas no salen como esperamos o como queremos, podemos mirar esa situación como una derrota. Sin embargo, en coaching aprendemos que lo importante no es tanto lo que nos sucede, sino cómo lo interpretamos. Es nuestra interpretación lo que marca la diferencia. Frente al mismo hecho, unos pueden decir “esto es una derrota, un fracaso”, y otros pueden decir “es una oportunidad de aprendizaje”. y desde allí crecer. En verdad, los mayores aprendizajes se dan cuando nos equivocamos, si somos capaces de preguntarnos inmediatamente ¿qué aprendí? Pensemos en un caso interesante, como fue el de Thomas Edison, quien inventó la lamparita eléctrica. ¿Sabés cuántas derrotas o fracasos tuvo hasta que lo logró? más de 3000 fallos. Sin embargo, él nunca los consideró errores, sino “descubrimientos”. y esta interpretación, sin duda, fue lo que le permitió perseverar hasta llegar a la meta. Cuanto más tiempo vivimos en el paradigma del amor, menos tiempo perdemos asustándonos frente a los desafíos. Aun cuando una vocecita dentro de mí diga: “Es muy difícil, no lo logr a r á s”, yo sé que le puedo responder: “¡Shh, silencio! Pues lo haré de todos modos”.

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LA PELÍCULA QUE PRIMERO FUE UN SUEÑO
Florencia Andrés (hija mayor de Verónica) y Lucas palmero son los productores y directores de Confianza total, una película que combina aspectos de documental y videoseminario, de 72 minutos, con citas inspiradoras de sabios de la humanidad e historias verídicas. La realización del film incluyó dos años de producción y postproducción, un equipo de 20 personas, la creación de una banda sonora (Jon Schmidt), imágenes capturadas en distintas partes del mundo y un mensaje que, a partir de agosto de 2008, comenzó a circular por los cinco continentes. “todo empezó como un gran sueño. Queríamos que más personas pudieran volver a confiar en sí mismas, que el mensaje llegara a cada rincón del mundo. Buscábamos un producto que le recordara al alma humana que con amor y confianza todo se puede. Con todas esas ideas en la mente, dijimos: ‘Hagamos la película’”, relata Florencia. “Cuando Verónica terminaba un curso o conferencia, la gente se acercaba preguntando: ‘¿Cómo puedo hacer para que esto le llegue a mi familia y a mis colegas?‘. Así fue que nos decidimos a hacer la película. ¡Y del sueño al hecho tuvimos que poner en práctica todo lo que la película enseña!”, añade Lucas.

TEXTO: Pilar Santillán

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